Distorsiones cognitivas: qué son y cómo reconocerlas
Llega un pensamiento. “Piensan que no valgo.” Y no llega con forma de opinión. Llega con forma de dato, como si acabaras de enterarte.
Ahí está el problema entero, en una frase. Los pensamientos no se presentan como suposiciones. Aparecen vestidos de hecho, muy rápido, y casi siempre en el peor momento para ponerlos en duda. La terapia cognitivo-conductual les puso nombre a las formas que se repiten: distorsiones cognitivas.
De dónde sale la idea
Aaron Beck describió el patrón en 1963, trabajando sobre transcripciones de lo que sus pacientes con depresión decían de sí mismos [1]. Detectó un sesgo sistemático en contra de uno mismo, y vio que se disparaba sobre todo cuando la situación era ambigua, cuando había margen para interpretar. Los llamó errores cognitivos y en un principio enumeró cinco, que llegaron a siete en Terapia cognitiva de la depresión (1979) [2].
La lista que casi todo el mundo ha visto no es la de Beck. Es la de David Burns, en Sentirse bien (1980) [3]. Burns fue alumno de Beck y contó lo mismo en un idioma que se entiende, añadiendo categorías que Beck no había separado. Si alguna vez has leído “las diez distorsiones cognitivas”, estabas leyendo a Burns.
Las diez
Léelas una vez. No intentes memorizarlas y no salgas a buscarlas en todo lo que piensas: eso acaba siendo otra forma de darle vueltas.
Pensamiento todo o nada
Un resultado imperfecto convierte todo en un fracaso. No hay término medio.
Sobregeneralización
Un mal momento se convierte en una regla. “Siempre.” “Nunca.” “Cada vez.”
Filtro mental
Nueve cosas salieron bien y una no, y esa una es la única que ves.
Descalificar lo positivo
Pasa algo bueno y encuentras el motivo por el que no cuenta.
Conclusiones precipitadas
Dos versiones: dar por hecho lo que piensan de ti, y dar por hecho cómo va a acabar.
Magnificar o minimizar
Tu error ocupa toda la habitación. El de otra persona, o tu propio acierto, se encoge hasta desaparecer.
Razonamiento emocional
Lo sientes, así que lo tomas por cierto. “Me siento un fraude, luego lo soy.”
Los “debería”
Vivir según una lista de normas que nunca aceptaste, y sentirte culpable al saltártelas.
Etiquetado
No “me he equivocado” sino “soy idiota”. El error se convierte en identidad.
Personalización
Cargar con algo que no provocaste y que no estaba en tu mano controlar.
La parte honesta
Aquí es donde la mayoría de los artículos sobre distorsiones cognitivas se paran, después de dar a entender que detectarlas es la cura. La evidencia no dice eso, y merece la pena contarlo.
Ningún estudio ha aislado el paso de ponerle etiqueta al pensamiento y ha demostrado que sea eso lo que funciona. Lo que sí se ha puesto a prueba es la reestructuración cognitiva como paquete completo: pillar el pensamiento, sopesarlo, aterrizar en un sitio más equilibrado. En 2021, un análisis por componentes publicado en The Lancet Psychiatry reunió 76 ensayos aleatorizados de TCC por internet y por app, con 17.521 personas, para ver qué ingredientes aportaban de verdad. La reestructuración cognitiva salió prácticamente en cero. El que tenía respaldo claro era la activación conductual: hacer cosas, salir, volver a engancharte a tu vida [4].
No es un resultado suelto. En 1996, Jacobson y su equipo repartieron al azar a 152 personas con depresión mayor entre activación conductual sola, activación conductual más trabajo con los pensamientos automáticos, y terapia cognitiva completa. Las tres funcionaron, y el paquete completo no fue mejor que sus partes ni al terminar el tratamiento ni seis meses después. Lo llamativo: al grupo que solo hizo activación conductual le mejoró el pensamiento negativo exactamente igual [5]. Un metaanálisis en red de 45 ensayos, en 2021, encontró el mismo empate entre reestructuración cognitiva, activación conductual y TCC completa [6]. Si cuestionar los pensamientos aporta algo o no se lleva discutiendo abiertamente casi veinte años [12].
Hay otro matiz. Puede que las categorías no estén tan separadas como sugiere la lista. Cuando se validó un cuestionario que medía quince distorsiones, los datos se colapsaron en una sola dimensión: una tendencia general a pensar de forma sesgada, no quince hábitos distintos [7]. El propio Burns define el etiquetado como una forma extrema de sobregeneralización. Y el filtro mental y la abstracción selectiva de Beck son la misma idea contada dos veces.
A veces el pensamiento es verdad
Esto importa más que la taxonomía. La palabra “distorsión” lleva dentro un juicio: que tu lectura de la situación está mal y la de otra persona está bien. Muchas veces es justo. Otras no.
Si te pagan mal, si tu trabajo es de verdad hostil, si una relación está de verdad desequilibrada, entonces “esto es injusto” no es un error de pensamiento. Es una observación correcta sobre tu vida, y que te digan que la reformules se parece más a que te tomen el pelo que a que te ayuden. La investigación lleva décadas rondando esto: en 1979, Alloy y Abramson encontraron que las personas con síntomas depresivos leves acertaban más que las demás al juzgar cuánto control tenían en realidad [8]. Una revisión metaanalítica posterior vio que el efecto era pequeño y dependía mucho de cómo se midiera [9], así que no invalida la TCC. Pero sí es un buen motivo para ir con cuidado con la palabra “distorsionado”.
Tu cerebro no te está mintiendo. Está haciendo predicciones rápidas con información incompleta, y a veces esas predicciones están mal calibradas. No es lo mismo.
Entonces, ¿para qué sirve esto?
Ponerle nombre a un patrón te compra una cosa pequeña y muy concreta: un hueco. Durante un segundo, el pensamiento deja de ser el agua en la que nadas y pasa a ser un objeto que puedes mirar. “Esto es un debería” ocupa menos que “tendría que haberlo hecho mejor”.
Lo que hagas en ese hueco es lo que cuenta, y casi nunca es pensar más. Pon la predicción a prueba. Manda el mensaje que llevas una hora redactando. Ve al sitio. La evidencia por componentes apunta siempre en la misma dirección: la conducta mueve más que el análisis.
Fíjate en lo que te cuesta el patrón, más que en si es técnicamente cierto. “¿Esto es verdad?” es un debate que puedes perder. “¿Qué me está haciendo hacer creerme esto?” normalmente no.
Dónde encaja MoodFire
Replantea está construido sobre esto, con los matices intactos. Te acompaña a pillar un pensamiento, mirar qué lo sostiene y qué no, y aterrizar en un sitio donde puedas quedarte, sin insistir en que el pensamiento original fuera irracional ni en que deberías sentirte mejor.
MoodFire no es terapia ni la sustituye. Los programas de autoayuda estructurada basados en ideas de la TCC se han puesto a prueba y sí producen mejoras reales en el estado de ánimo bajo: menores que trabajar con una persona, y la diferencia se agranda cuanto más intensos son los síntomas [11]. En 562 ensayos, el efecto global de la TCC sobre la depresión es sólido, aunque bastante más discreto en los estudios mejor diseñados que en el titular [10]. Esa es la forma honesta del asunto: útil, merece la pena, no es magia.
Si los pensamientos han derivado en hacerte daño, o si la vida se ha estrechado hasta el punto de que pasar el día es el trabajo entero, habla con alguien: tu médico, una línea de ayuda, una persona de confianza. Eso no es una versión más grande de lo que cuenta este artículo. Es otra cosa, y merece un ser humano delante.
Por lo demás: no hace falta que cataloges tu forma de pensar. Basta con que notes, una vez hoy, que un pensamiento que llega con absoluta certeza sigue siendo solo un pensamiento. Con eso ya hay bastante para empezar.
Fuentes
- Beck, A. T. (1963), “Thinking and Depression: I. Idiosyncratic Content and Cognitive Distortions”, Archives of General Psychiatry, jamanetwork.com
- Beck, Rush, Shaw & Emery (1979), Cognitive Therapy of Depression, Guilford Press
- Burns, D. D. (1980), Feeling Good: The New Mood Therapy — the ten distortions checklist, feelinggood.com
- Furukawa et al. (2021), “Dismantling, optimising and personalising internet cognitive behavioural therapy for depression: a systematic review and component network meta-analysis”, The Lancet Psychiatry, pmc.ncbi.nlm.nih.gov
- Jacobson et al. (1996), “A Component Analysis of Cognitive-Behavioral Treatment for Depression”, Journal of Consulting and Clinical Psychology, i-cbt.org.ua
- Ciharova et al. (2021), “Cognitive restructuring, behavioural activation and cognitive-behavioural therapy in the treatment of adult depression: A network meta-analysis”, Journal of Consulting and Clinical Psychology, ora.ox.ac.uk
- Kaplan, Morrison, Goldin, Olino, Heimberg & Gross (2017), “The Cognitive Distortions Questionnaire (CD-Quest): Validation in a Sample of Adults with Social Anxiety Disorder”, Cognitive Therapy and Research, pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Alloy & Abramson (1979), “Judgment of contingency in depressed and nondepressed students: sadder but wiser?”, Journal of Experimental Psychology: General, pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Moore & Fresco (2012), “Depressive realism: a meta-analytic review”, Clinical Psychology Review, sciencedirect.com
- Cuijpers, Harrer, Miguel, Ciharova & Karyotaki (2023), “Cognitive behavior therapy for depression: A systematic review and meta-analysis”, American Psychologist, doctortic.net
- Karyotaki et al. (2021), “Internet-Based Cognitive Behavioral Therapy for Depression: A Systematic Review and Individual Patient Data Network Meta-analysis”, JAMA Psychiatry, eprints.whiterose.ac.uk
- Longmore & Worrell (2007), “Do we need to challenge thoughts in cognitive behavior therapy?”, Clinical Psychology Review, sciencedirect.com