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Por qué “piensa en positivo” es uno de los consejos menos útiles que le puedes dar a alguien con ansiedad

Hay consejos de salud mental que se ven hermosos en una placa pastel de Instagram. Suenan cálidos, fáciles de compartir, sin riesgo alguno. Y entonces llega la ansiedad de verdad, y se deshacen como papel mojado.

“Trata de mantenerte positivo.”
“Mira el lado bueno.”
“Puras buenas vibras.”

Claro. Trata de susurrarte eso a las 2 de la madrugada, mientras el corazón te late contra las costillas, la mandíbula no se te afloja y el cerebro repite el mismo pensamiento catastrófico como un disco rayado.

Si alguien alguna vez te lanzó un “piensa en positivo” en plena crisis, ya sabes cuál es el problema. No es solo que no ayude. Es que encima te carga de culpa. Esa sensación callada y corrosiva de que, de alguna manera, estás eligiendo sentirte así, de que la calma está ahí mismo si tan solo estiraras la mano.

La ansiedad no funciona así. Para nada.

Y esto no es una inquietud de unos pocos. La Encuesta Gen Z y Millennial 2025 de Deloitte reportó que el 40% de la Generación Z se siente estresada o ansiosa todo el tiempo o casi todo el tiempo [1]. En Inglaterra, los datos del NHS ubican la proporción de jóvenes de 16 a 24 años con un trastorno de salud mental común en el 25.8% en 2023/24, una subida fuerte frente a los últimos años [2]. Y YoungMinds alertó que 78,577 jóvenes derivados a los servicios de salud mental en 2023/24 esperaron más de un año solo para que los atendieran [3].

Eso no es una generación haciendo drama. Es muchísima gente aguantando a pura voluntad, sin nadie que la respalde.

La ansiedad no es una falla de actitud

El problema de raíz con “piensa en positivo” es la suposición que lo sostiene. Encuadra la ansiedad como un error de pensamiento. Una mala maña de la mente. Pero, para la mayoría, la ansiedad habita en el cuerpo tanto como en la cabeza.

Tu cerebro capta una amenaza (real o imaginaria), activa la alarma y tu cuerpo toma el control. La respiración se vuelve corta. Los hombros se trepan hacia las orejas. El estómago se aprieta. Los pensamientos arrancan a dispararse, buscando peligros, repasando conversaciones viejas, imaginando lo peor de un correo que mandaste hace tres horas.

Nada de eso es irracional. Tu sistema nervioso está corriendo justo el programa para el que fue hecho. Solo que se enciende en situaciones donde la amenaza es social, emocional o del todo inventada, en lugar de física.

Así que, cuando alguien lanza un “piensa en positivo” con tono alegre, en el fondo está cubriendo una alarma de incendios con un afiche motivacional. Suena entusiasta. Se siente como un desaire.

El problema de la positividad tóxica

El aliento y la invalidación emocional pueden parecerse de forma rara cuando se ven desde afuera.

Decirle a alguien “vas a salir de esta” puede caer bien. ¿Decirle que aplaste lo que siente, o que se vaya derecho por el atajo hacia el lado amable? Eso ya es algo totalmente distinto.

Los investigadores empezaron a analizar esto con cuidado. Un artículo de 2025 en el International Journal of Indian Psychology planteó que la alegría obligada puede empujar la supresión emocional, lo que vuelve más difícil (no más fácil) que las personas procesen de verdad lo que sienten [4]. Una tesis de la University of South Carolina sobre la positividad tóxica y la percepción de la salud mental llegó a una conclusión similar, sobre todo en torno a las redes sociales, donde la presión por mostrarse “bien” puede tapar la sinceridad [5].

Vale la pena quedarse pensando en eso, porque la ansiedad ya hace que la gente dude de sí misma todo el tiempo. Lo último que alguien necesita encima es el mensaje de que su malestar resulta, de algún modo, fuera de lugar.

Lo que sí tiende a ayudar

Para ser honestos, lo que mejor sirve no es vistoso. Sin revelaciones. Sin giros dramáticos. Apenas herramientas pequeñas, nada glamorosas, ancladas en lo que realmente pasa cuando la ansiedad se apodera de tu cuerpo y de tu forma de pensar.

1. Replantear los pensamientos

Esto no es ponerle una carita feliz a una mala situación. Es aprender a atrapar la primera versión, la peor, de un pensamiento y mirarla a contraluz por un segundo.

Podrías pasar de:

“Todo va a salir mal”

a algo como:

“Esto se siente como demasiado en este momento, pero todavía no tengo todos los datos”

o:

“Ya pasé por momentos duros antes”

Un lenguaje interno por completo diferente. Más equilibrado. Más creíble. Y cuando estás en plena espiral, “creíble” pesa mucho más que “positivo”.

La evidencia lo confirma. Un metaanálisis que reunió 41 ensayos aleatorizados controlados con placebo halló que la terapia cognitivo-conductual es eficaz para los trastornos relacionados con la ansiedad [6]. El seguimiento a más largo plazo mostró que los beneficios de la TCC pueden sostenerse bastante después de que termina el tratamiento [7].

2. Respiración lenta

No un ritual con velas. Nada elaborado. Solo bajarle el ritmo a la respiración a propósito.

Cuando golpea la ansiedad, la respiración suele acelerarse o volverse corta. Esa respiración tensa, nada más de pecho, en la que sientes que el aire no termina de llegar al fondo de los pulmones. Bajarle el ritmo manda otra señal a tu sistema nervioso: “tranquilo, estamos bien”.

Una revisión sistemática en Frontiers in Human Neuroscience halló vínculos claros entre la respiración lenta, una mayor actividad parasimpática y un mejor bienestar psicológico [8]. Un metaanálisis posterior confirmó que la respiración lenta voluntaria refuerza el control parasimpático del corazón [9].

Dicho en simple: bajarle el ritmo a la respiración ayuda a que tu cuerpo deje de actuar como si algo catastrófico estuviera por caer.

3. Volver al presente

Volver al presente sirve porque jala tu atención fuera de la espiral y la suelta de vuelta en la habitación.

¿La versión más simple? La técnica 5-4-3-2-1. Haz una pausa. Nombra cinco cosas que puedes ver. Cuatro que puedes sentir con el cuerpo. Tres que puedes escuchar. Dos que puedes oler. Una que puedes saborear.

Suena casi demasiado básico. Esa es, justamente, la idea. Cuando fijas tu atención en la textura de la silla debajo de ti o en el zumbido del tránsito afuera, queda menos espacio mental para la película de la catástrofe.

Un estudio de 2025 que probó esta técnica con estudiantes de enfermería halló que bajaba la ansiedad ante los exámenes y subía la sensación de calma y de control [10].

4. Gratitud, sin la actuación

La gratitud tiene mala fama, sobre todo por cómo se empaqueta. Las publicaciones de diarios de cuaderno perfectos. El agradecimiento forzado. La alegría sin tregua. Puede sentirse hueca.

Pero, si le quitas todo eso, es más callada de lo que la gente piensa. Puede ser solo notar una cosa firme en tu día. Una persona que estuvo presente. Un momento que no se sintió tan pesado como el resto.

La investigación es bastante alentadora. Las revisiones de las intervenciones de gratitud las han ligado a una mejor salud mental y a menos malestar [11], y un estudio de escritura de gratitud durante la COVID-19 halló que redujo el estrés y el afecto negativo en quienes participaron [12].

No es una cura. Es solo una manera más de empujar a la mente a notar que lo difícil no es el cuadro completo.

Los pasos pequeños le ganan a los grandes saltos (casi siempre)

A la cultura del bienestar le fascina una historia de transformación. El momento de tocar fondo. La flamante rutina de la mañana. El montaje.

El progreso real con la ansiedad casi nunca se ve así. Es más callado, más a los tropezones y bastante menos fotogénico. Es una seguidilla de momentos pequeños en los que captas lo que está pasando dentro de ti y respondes apenas un poco distinto a como lo hiciste la última vez.

La respiración que frenas antes de que todo se desborde.
El pensamiento en espiral en el que te detienes en vez de tragártelo entero.
El patrón que empiezas a notar.
El registro que haces incluso cuando el día estuvo horrible.

Eso es lo que suele ayudar. No la perfección. No el fingimiento. Solo una atención un poco más sincera.

Una mejor manera de hablar de la ansiedad

En MoodFire pensamos que el apoyo en salud mental debería sentirse honesto, no aleccionador.

Sin eslóganes. Sin brillo tóxico. Y, por supuesto, sin la idea de que la recuperación empieza fingiendo que te sientes de maravilla cuando no es así.

A veces lo más útil no es tratar de convertirte en una persona más positiva. Es entender qué está pasando de verdad en tu cuerpo y en tu cabeza, y luego recurrir a una herramienta práctica cuando todo se pone ruidoso.

Un ejercicio de respiración cuando se te cierra el pecho.
Una guía para replantear cuando los pensamientos no dejan de girar.
Una técnica para volver al presente cuando necesitas aterrizar en el ahora.

Sin presión. Sin juicios. Sin “puras buenas vibras”.

Solo un punto de partida más calmado y más realista.

Fuentes

  1. Deloitte, 2025 Gen Z and Millennial Survey.
  2. NHS England, Adult Psychiatric Morbidity Survey: Survey of Mental Health and Wellbeing, England 2023/24.
  3. YoungMinds, Increase in young people waiting over a year for mental health support.
  4. International Journal of Indian Psychology, The Dark Side of Positivity: How Toxic Positivity Contributes to Emotional Suppression and Mental Health Struggles.
  5. Feltner, M.E., Toxic Positivity and Perceptions of Mental Health, University of South Carolina.
  6. Carpenter et al. (2018), Cognitive behavioral therapy for anxiety and related disorders: A meta-analysis of randomized placebo-controlled trials.
  7. van Dis et al. (2020), Long-term Outcomes of Cognitive Behavioral Therapy for Anxiety-Related Disorders.
  8. Zaccaro et al. (2018), How Breath-Control Can Change Your Life: A Systematic Review on Psycho-Physiological Correlates of Slow Breathing.
  9. Laborde et al. (2022), Effects of voluntary slow breathing on heart rate and heart rate variability: A systematic review and meta-analysis.
  10. Scott et al. (2025), Ground yourself: Using five senses technique to cope with test anxiety among nursing students.
  11. Diniz et al. (2023), The effects of gratitude interventions: a systematic review and meta-analysis.
  12. Fekete et al. (2022), A Brief Gratitude Writing Intervention Decreased Stress and Negative Affect During the COVID-19 Pandemic.

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